Contracultura & Droga: años 60

"Los sesenta, años de esperanza, días de rabia"- Tod Gitlin, Nueva York, 1987.

Creo que la generación beat tenía algo positivo con respecto a este tema "contracultura y droga": la droga se usaba para crear. Lamentablemente muchos de estos artistas tenían una tendencia claramente autodestructiva, algo totalmente innecesario para la creatividad Se puede lubricar la creatividad con drogas y sin una connotación autodestructiva sino lo opuesto. .Sea como sea, estos exponentes de la generación beat hicieron los cimientos de la actual cultura psicodélica global y contribuyeron al desarrollo de la contracultura hippie norteamericana de los años 60. Nosotros los seguimos leyendo.

Beatnik por Linn Olofsdotter (Suecia)
ilustración de Linn Olofsdotter (link)

CONTRACULTURA EN LOS AÑOS 60:
- TRASCENDER LÍMITES, EL AUTOCONOCIMIENTO Y LA CREATIVIDAD CON QUIMICOS.
- OCCIDENTE SE ENTERA DE QUE CARECE DE UNA CULTURA FARMACOLÓGICA.

Publicado en la sección Psicologia de Sexovida.com por la Licenciada Liliana Vázquez Este artículo no refleja necesariamente nuestra visión de este fenomeno cultural; lo publicamos a modo de promoción y divulgación.

Si tuviéramos que situar la irrupción de la droga, en forma masiva, en el siglo XX diríamos que, la década del 60, marca el hito fundamental de su aparición. Una sociedad, la norteamericana, que atravesaba la postguerra, con su dejo de triunfalismo y su espíritu puritano, proclamando el "American Way of Life ", ve nacer una nueva expresión literaria con la "Beat Generation ".

Los escritores beats como Burroughs, Corso, Ginsberg o Kerouac, desarrollan una nueva forma de expresión donde todo aquello que produzca efectos sobre los sentidos, llámese anfetaminas, LSD, marihuana, alcohol, constituye un proyecto explícito de protesta contra los valores preestablecidos de la sociedad capitalista. El consumo de drogas es también un medio de consolidar un lugar y de desprenderse de cánones sociales inmersos en prácticas ritualistas conservadoras; ante todo, se trata de una transformación cultural. Una nueva modificación de la sensibilidad, que la complicidad con los trastornos de la química no hará sino acrecentar durante el siglo. La literatura, comienza a expresar el cambio de la figura de la droga como medio de actuar sobre sí mismo, y como una forma de protesta a las convenciones sociales existentes. Diferentes críticos señalan de esta escritura beat que es un flujo ininterrumpido, desde el fondo del espíritu, de ideas y palabras que soplan sobre las imágenes; no hay periodos que separen las frases, ridículas puntuaciones, sino vigorosos blancos, que separan las respiraciones retóricas. No hay selectividad de la expresión, sino aceptación de las asociaciones libres producidas por la mente en un mar ilimitado, nadando en un océano, sin otra disciplina que los ritmos de la respiración retórica y de las puntuaciones como un puño que golpea sobre la mesa.

Los textos parecen describir "viajes" plagados de velocidad e imágenes superpuestas, homologables a las experiencias con LSD, que describían un viaje interior y que, para la época, era publicitado como un paso más en la larga serie de progresos tecnológicos que conduciría, a la humanidad, a la felicidad.

Al término de este "viaje", el "Yo" se borra y, como escribe Burroughs, "la identidad se desvanece en un espacio vacante".

En "In extremis, no message", Burroughs sostiene: "el último 'flash' es una iluminación bajo forma de gran blanco, suma del espectro cromático, pero del cual, al día siguiente, ya no queda más nada -salvo lo que ya estaba allí -".



Escribo poesía porque mi mente se contradice a sí misma, un minuto está en Nueva York, al otro minuto en los Alpes Dináricos.
Escribo poesía porque mi cabeza contiene 10.000 pensamientos.
Escribo poesía porque ninguna razón, ningún por qué.
Escribo poesía porque es la mejor manera de decir todo lo que tenés en mente en 6 minutos o durante el transcurso de una vida.



Improvisación en Beijing. A. Ginsberg.



Demando que la raza humana
cese de multiplicar la especie
saluden con una reverencia, se retiren.
Ese es mi consejo.
Y como castigo o recompensa
por realizar esta petición
renaceré el último de los humanos
oraré, lloraré, comeré, cocinaré...
Y una mañana ya no me levantaré de mi estera




Poema -Jack Kerouac

La generación beat desarrolló un estilo poético que habilitaba una visión renovadora del mundo y de las cosas, a la vez que comprometía la palabra en los movimientos sociales, que caracterizaron la década del sesenta. Su vinculación con la droga, sirvió para vehiculizar la protesta y luego como la posibilidad de producir un diagnóstico, donde se la situaba metafóricamente en el mismo lugar de poder y devoración, a la droga que a la cultura capitalista que combatían. En el decir de William Burroughs: "La intoxicación- el 'mono' que se aferra al cuerpo del drogadicto - es como la implantación de un 'parásito' extraño que termina por poseerlo y devorarlo, bajo la triple forma de la droga, por cierto, pero también de la sexualidad y el poder".

Había llegado al término de la blanca ...Desde hacía más de un año no me había bañado ni me había cambiado de ropa. Ya ni siquiera me desvestía - salvo para plantar a cada hora, la aguja de una jeringa hipodérmica en la carne gris y fibrosa, carne de madera del estadio final de la droga.


Festín desnudo, W. Burroughs.

El proceso, denominado Contracultura, en cuyo sesgo se difundieron las sustancias alucinógenas en Occidente, sitúa una relación particular con la droga, ligándola a la utopía de una generación, concluyendo que de la experiencia psicodélica se extrae lo que se invierte. Cuando Ginsberg afirma que "la otra realidad que nos ilumina es una producción de nuestra mente" coincide con lo que afirmaba Baudelaire muchos años antes, en relación al hachís, que "éste no revela al individuo más que el individuo mismo".

Escribo poesía para retratar con precisión mi propia mente.

A. Ginsberg (Beat Generation)

Libros Recomendados de Generación Beat
"Festín desnudo", W. Burroughs
"Paisajes Mentales de la droga". P. Yves Petillon
"Paraísos Artificiales", C. Baudelaire

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