Genocidio en Camboya

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Is a holiday in cambodia
Where people dress in black
A holiday in cambodia
Where youll kiss ass or crack

Dead Kennedys



EL GENOCIDIO CAMBOYANO REVOLUCIONARIO


El genocidio camboyano fue ejecutado por el régimen de los Jemeres Rojos, el partido político que gobernó la llamada Kampuchea Democrática de ideología maoísta entre 1975 y 1979, con una concepción extremista de revolución.
Durante el tiempo del gobierno de los Jemeres Rojos desaparecieron entre dos y tres millones de personas, por lo cual se constituyó en 2006 un Tribunal internacional para llevar a cabo el Juicio a los Jemeres Rojos en 2007. (Wikipedia)


Llegan momentos de esperanza para los derechos humanos en Camboya, tres décadas después del genocidio que asesinó a una carta parte de la población del país, el horror y las reflexiones posteriores inevitables en una nota periodística publicada en ElMundo.es, que cito a continuación...



Tres décadas después, y cuando Camboya juzga al fin el genocidio que acabó con una cuarta parte de su población, Khieu Ches sigue buscando la manera de perdonarse a sí mismo.

Cuando se le pregunta ¿qué sentía por sus víctimas? responde: "Tuve que obedecer órdenes o me habrían matado a mí también. ¿No lo entiende? Yo también soy una víctima".

Sin embargo no puede olvidar. "Los camiones iban y venían constantemente". Los presos iban a su muerte en silencio... Creo que sentían alivio de que todo acabara", recuerda Khieu.

El antiguo jemer rojo ha vivido los últimos 30 años en una aislada cabaña de paja y madera de la región camboyana de Kampong Tralach, rodeado de campos de arroz y cocoteros.

Khieu Ches fue reclutado cuando tenía 13 años en el pueblo de Van Theaymeas. Los Jemeres Rojos le enviaron a un campamento de formación, le enseñaron a utilizar armas y tras dos años en el frente le destinaron al Edificio D de la prisión S-21. Uno de los primeros trabajos del joven guardia fue sujetar a los presos mientras eran torturados, una forma de endurecerle ante el sufrimiento ajeno y prepararle para inflingirlo cuando llegara su turno. Confiesa que llegó a golpearles.

Khieu se convirtió en cómplice de uno de los grandes genocidios del siglo XX con tan sólo 16 años. Y con él, miles de niños entre los que estaba su amigo de infancia Tcheam Seur.
Máquinas de matar

Los dos campesinos habían sido convertidos en máquinas de matar por un régimen que se nutría especialmente de menores fácilmente manipulables. Su primera prueba de lealtad hacia Angkar, el brazo ejecutor de los Jemeres Rojos, consistía a menudo en la ejecución de miembros de su propia familia. A veces sus padres. "Tenía miedo. Todo lo que quería era que llegara la noche y seguir con vida. Otros guardias habían sido asesinados por no obedecer. ¿Qué podía hacer?", asegura Tcheam, empleando las mismas justificaciones que su amigo para tratar de explicar su participación en los asesinatos y torturas.

Khieu Ches tiró su arma, se quitó su uniforme y huyó de su puesto en la S-21 cuando las tropas vietnamitas entraron en Camboya y pusieron fin al genocidio en febrero de 1979. Al regresar a casa, se encontró que también él se había convertido en una víctima. Sus camaradas en el Jemer Rojo habían ejecutado a media docena de miembros de su familia y habían dejado morir de hambre a sus padres. Khieu cambió su nombre y trató de pasar desapercibido, ocultando el secreto de su pasado. "Había luchado por los mismos que habían matado a mi familia", dice. "Yo sólo era un niño".

Sin embargo, Vann Nath, uno de los nueve supervivientes de la prisión S-21, tiene grabada en la memoria la imagen del rostro de Khieu Ches, el joven guardia que no sólo maltrataba a los reclusos, sino que parecía disfrutar haciéndolo.

Vann asegura ahora que lo que más le duele es que durante los últimos 30 años hayan sido las víctimas las que hayan tenido que bajar la mirada al cruzarse con sus ex verdugos en la calle. "No aceptaré nunca que todos fuimos iguales. Víctimas éramos los que gritábamos en mitad de la noche bajo las torturas", dice Vann, negándose a perdonar al guardia que en las largas noches de la S-21 prometía a los que iban a morir que todo terminaría "pronto".

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